jueves, agosto 04, 2005

Trozos de historia, oídos al pasar...


Mi abuelo vivió los últimos días de su vida (que no fueron tan pocos) cargando con la cruz de su recuerdo.

Cada mañana iba y lo alisaba, extendiéndolo frente a sus ojos, repasando cada detalle y diseño. Después, comenzaba a arrastrarlo durante el resto del día, a llevarlo de aquí para allá por toda la casa, sin que le importara llenarlo del polvo de los muebles, que fuera como un trapo en el que se atoraran los bichos muertos, envolturas ya sin dulces, las lágrimas de Abuela, todo lo que suele encontrarse en el suelo de una casa de sabores viejos y batallas lentas.

1 comentario:

edilberto aldan dijo...

Lamento su pessoiana personalidad pues lo he goggleado en sus diferentes versiones y no me he encontrado ningún texto... me complazco de comenzar a leer así, aquí... leo una intención que me gusta, que me guiña y complace. Gracias por empezar a compartir