viernes, agosto 05, 2005

Actos Fallidos



El último libro del mundo pasó de mano en mano durante dos siglos y medio, tiempo necesario para que todo aquél que lo recibiera hubiera olvidado que hacer exactamente con él.


Después de los primeros 120 años ya nadie lo hojeaba y sólo se le veneraba como un objeto arcano que había sobrevivido a una no muy clara destrucción masiva.



La gente de la aldea lo colocaba en una choza central frente a la cual la gente inclinaba ceremoniosamente la cabeza al pasar. Pero ni siquiera el sacerdote mayor de aquellas tribus tenía interés en ver que había más allá de la portada. Es muy probable que a esas alturas, sin mayores cuidados o interés por parte de sus guardianes, la acidez propia del papel hubiera ya devorado los secretos que la tinta habría tratado de preservar inútilmente: el último libro del mundo era un cofre que no guardaba tesoro alguno. Y sin embargo, el ídolo, lo Oculto, el arcano venerable, dormía tras sus guardas imponiendo un secreto reverencial que nadie osaba (ni tenía interés en) violar. Nada había cambiado, en realidad. El último libro del mundo ( que había sido olvidado al fondo de un cajón, en un rincón de un edificio de oficinas corporativas, lugar poco probable para ocultar libros; evitando así un olvido más inmediato pero menos místico , quizás) era un ejemplar del libro que sostienes en tus manos.

1 comentario:

preFilósofo dijo...

Caray, por qué yo no escribo así, felicidades Luis, es un acto venturoso el que compartas tu talento.

Gracias