lunes, octubre 30, 2006

Intentos fallidos.

Se atan cuentas al rosario en que se convierte nuestra vida, hasta que deja de ser un rosario y se convierte en un quipú inca, en dónde las cuentas, los nudos, las marcas sobre el bastón se van acumulando, uno tras otro, en sucesión de eventos que nos marcan un camino de vivencias, de migajas de vida, el cual puede seguirse hasta el primero de los recuerdos, hasta el llanto detrás del sillón en la sala de los padres; o hasta el beso furtivo ya entrada la noche, cuando todos duermen en el cuarto atestado, beso que se negará rotundamente a la mañana siguiente.

Puede confeccionarse una cortina a base de quipús de historias, de vivencias, dónde las migajas-recuerdo pueden llevarnos de un salto de cuerda a otro, hasta aquella fogata solitaria, en donde aquella noche nos descubría más sólos de lo que jamás hemos vuelto a sentirnos, y disciplinadamente, con el metódico control del solitario necio (no hay mayor necio que el que se empeña en quedarse solo), fuimos dando cuenta de aquella botella de vodka, apenas cerrando los ojos después de cada trago, para al final, triunfalmente, lanzar la botella mucho más allá de la otra ribera del río que arrastraba de madrugada los sonidos torpes del campamento que amenecía.

Confeccionar esa cortina, sucesión de recuerdos, una tras otras, cubriendo el umbral. Terminarla para después de un rato de admirar el mosaico de historias suspendidas en el aire, entramadas en ese cordón necio que impide que se esparsan, apartarlas suavemente con el dorso de la mano, e inclinándose un poco entrar de lleno al olvido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta recordar, ese viaje por el espacio interior.

Construir esa realidad virtual -el sillón en la sala de los padres, el beso furtivo, el fuego y la noche-, y sumergirse. (No hay viaje sin el "gran salón de la memoria").

También me gusta la disposición del viajante. Lo que sólo puede ser posible a través del otro. (No hay viaje sin viajero).

Recordar como una forma de sumergirse en el otro. El otro: Uno mismo.

Me gusta el final: Elegante, fino. Cierra bien la idea de las imágenes que se presentan ordenadamente (lo que se invoca). No hay confusión. Hay deliberación.

Like it.

ASH.